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Economía argentina 2026: estabilidad macro, actividad débil y cautela ante 2027


La inflación y el dólar dejaron de dominar la agenda, pero la recuperación sigue siendo desigual. Salarios, empleo, crédito e inversión definirán el pulso del segundo semestre, mientras el mercado empieza a incorporar el riesgo electoral y las necesidades financieras de 2027.

La macro se estabiliza, pero la economía real no despega

La economía argentina ingresó en la segunda mitad de 2026 con una configuración poco habitual para su historia reciente: las principales variables financieras muestran mayor estabilidad, pero la actividad permanece estancada y el alivio macroeconómico todavía no se traduce en una mejora homogénea de los negocios ni de los ingresos. La síntesis es una macro más ordenada y una microeconomía aún frágil.

La parte financiera está mucho más tranquila y ordenada, pero la economía real, los volúmenes, los salarios y el empleo siguen prácticamente congelados.

El contraste con las crisis de 2018 o 2022-2023 es relevante. Hoy no aparece un desequilibrio fiscal o cambiario capaz de provocar, en el corto plazo, una corrección abrupta del dólar y de la inflación. Sin embargo, la ausencia de crisis no equivale a crecimiento: desde fines de 2025 la actividad alterna avances y retrocesos mensuales, sin consolidar una tendencia expansiva.

Las proyecciones de FMyA estiman un crecimiento del PBI del 3% en 2026, luego del 4,5% de 2025. Para 2027 también prevén un avance del 3%. El número anual, no obstante, oculta una economía que funciona a dos velocidades y una recuperación con escasa difusión entre sectores.

La economía está débil y estancada, pero no está en crisis. La síntesis podría ser: macro bien, micro mal.

Dólar e inflación: menor volatilidad, sin promesas de costo cero

El frente cambiario ofrece uno de los principales anclajes del escenario. El dólar oficial rondaba los $1.500 al momento del análisis y la proyección de FMyA lo ubica en $1.650 para diciembre de 2026. Esto implicaría una suba anual cercana al 14%, por debajo de una inflación estimada en 30%. Para diciembre de 2027, la consultora proyecta un tipo de cambio de $2.098 y una inflación anual del 20%.

La desaceleración de precios continuaría durante el segundo semestre: tras el 2,1% de julio, la estimación era de 1,9% para agosto y de 1,7% para septiembre, con registros próximos a 1,6% hacia adelante. El sendero no supone inflación cero. Persisten presiones por tarifas y combustibles, aunque la debilidad de la demanda limita el traslado a precios de las variaciones cambiarias.

Las reservas también mejoraron. La presentación estimó reservas netas cercanas a USD 10.900 millones y señaló que la meta de acumulación prevista para 2026 ya se encontraba cumplida. A ello se suma una postergación de unos USD 6.000 millones de compromisos de operaciones repo hacia 2028, lo que amplía el margen de maniobra cambiario.

Tasas, crédito y el límite de la capacidad prestable

Las tasas en pesos descendieron con fuerza respecto de 2025 y se ubicaron en torno del 2% mensual: 1,9% para pases y plazos fijos y alrededor de 2,1% para adelantos. El crédito a empresas comenzó a reaccionar, con un aumento aproximado del 6%, especialmente entre compañías de primera línea.

La recuperación no se replica en los hogares. La morosidad llevó a los bancos a adoptar criterios más prudentes y el stock real de crédito al consumo cayó 8,4% interanual en julio. Sebastián Gurmendi, presidente de CCI France Argentine, agregó un límite estructural: buena parte de los depósitos en pesos es transaccional y el ahorro de mayor plazo sigue siendo reducido, lo que restringe los fondos disponibles para prestar.

Para las empresas, el escenario combina un costo financiero menor con un acceso muy segmentado. Las grandes compañías encuentran mejores condiciones y el mercado de obligaciones negociables gana profundidad, mientras muchas pymes continúan limitadas por sus balances, la corta duración del fondeo y la dificultad de asumir deuda en dólares sin ingresos en esa moneda.

Una economía a dos velocidades

La heterogeneidad sectorial es el rasgo central de 2026. Entre los motores aparecen el agro, Vaca Muerta, la minería, el consumo durable y ciertos segmentos inmobiliarios. En junio, la producción de gas y petróleo crecía 7,3% interanual, mientras las exportaciones a Brasil avanzaban 17,3% en julio. Las exportaciones, favorecidas por energía y por un contexto externo que elevó el precio del petróleo, sostienen el ingreso de divisas.

La actividad va a seguir débil y el rebote será moderado. Vamos a continuar con una economía a dos velocidades, con sectores ganadores y sectores perdedores.

En el otro extremo se ubican el consumo masivo, la industria, la construcción y el turismo. Las ventas minoristas retrocedieron 3,8% interanual en julio; el despacho de cemento cayó 8,1%; la producción automotriz, 16%; y los patentamientos de autos, 28,1%. El rebote de la construcción dependerá tanto de la reactivación de obra pública como de una inversión privada que todavía se mantiene cautelosa.

Este mapa obliga a abandonar los diagnósticos agregados. Dos empresas expuestas al mismo país pueden enfrentar condiciones opuestas según su vínculo con exportaciones, salarios, crédito o inversión pública. Para la planificación corporativa, el promedio del PBI ofrece hoy menos información que la posición de cada sector dentro de esta economía bifurcada.

Salarios y empleo: el verdadero termómetro del consumo

El consumo depende de cuatro variables: salario, empleo, confianza y crédito. Ninguna muestra todavía la fuerza necesaria para impulsar un ciclo expansivo. Los salarios formales privados apenas empatan o superan a la inflación, mientras los ingresos públicos, las jubilaciones y las asignaciones continúan en niveles bajos pese a sus mecanismos de actualización.

La tasa de desempleo se situaba en 7,5%, frente al 6% de dos años antes. No configura una crisis laboral, pero convive con una sustitución de empleo formal por trabajo independiente, informal o monotributista. La percepción social es más negativa que el dato agregado: en julio, el 38% mencionaba el desempleo entre sus principales preocupaciones y el 35% señalaba los bajos salarios, contra 17% que priorizaba la inflación.

El segundo semestre podría mostrar una mejora moderada si la inflación continúa bajando y las paritarias permiten una recuperación real de los ingresos. Pero sin creación de empleo formal, mayor crédito y un repunte sostenido de la confianza, el consumo masivo seguirá rezagado. Para las compañías orientadas al mercado interno, la estrategia debería apoyarse en escenarios prudentes de volumen, segmentación de precios y control estricto del capital de trabajo.

El riesgo de 2027 ya entra en las valuaciones

El riesgo país pasó de cerca de 400 a unos 500 puntos básicos en pocas semanas y se ubicaba alrededor de 470 en la presentación. El movimiento no refleja una crisis inmediata, sino el comienzo de una discusión sobre la sostenibilidad política y financiera del programa de cara a las elecciones de 2027.

Existe además un desacople entre precios de mercado y encuestas. Según el ejercicio de FMyA, un riesgo país de 470 puntos puede interpretarse como una probabilidad implícita del 85% de continuidad de Javier Milei si la alternativa es un escenario extremo con riesgo país de 2.000 puntos. Con una alternativa moderada valuada en 800 puntos, una distribución electoral de 55% a 45% produciría el mismo nivel actual. La conclusión no es una predicción electoral, sino una advertencia: los activos ya incorporan una dosis significativa de optimismo.

A la incertidumbre política se suma un programa financiero exigente. Las necesidades de 2027 ascienden a USD 24.900 millones entre capital e intereses de bonos globales y locales, compromisos con el FMI y otros organismos. Las fuentes estimadas totalizan USD 25.000 millones, pero una parte relevante depende de negociaciones, compras de reservas y nuevas emisiones. Volver al mercado internacional en condiciones sostenibles requeriría un riesgo país de 400 puntos o menos.

Qué implica el escenario para las empresas

La segunda mitad del año demanda una gestión selectiva. Las compañías con ingresos exportadores, exposición a energía, minería o agro y acceso al crédito corporativo parten de una posición más favorable. En cambio, los negocios dependientes del salario real, el consumo masivo, la construcción o el turismo deberán presupuestar un rebote gradual, no una aceleración generalizada.

La estabilidad cambiaria reduce el riesgo de una disrupción inmediata, pero no elimina la necesidad de cobertura. La cercanía del calendario electoral aumentará la sensibilidad de tasas, bonos, acciones y decisiones de inversión a las encuestas. En pesos, los instrumentos ajustados por CER y los duales ofrecen protección; en dólares, bonos provinciales y corporativos pueden brindar perfiles más defensivos que una exposición soberana concentrada.

El escenario base sigue siendo de normalización: inflación descendente, dólar administrado, salarios con leve recuperación e inversión apoyada por construcción y proyectos exportadores. El principal riesgo es que la debilidad de la economía real erosione el apoyo político, eleve el riesgo país y reactive la secuencia de presión cambiaria e inflación. Para las empresas, la clave será preservar flexibilidad financiera y distinguir entre volatilidad electoral y deterioro estructural.

Un mercado de capitales en transformación

El mercado argentino atraviesa una transformación porque comienza a desplazarse desde la administración permanente de crisis hacia la diferenciación de riesgos. La estabilización fiscal y monetaria, la acumulación de reservas, la mejora de las calificaciones crediticias y el regreso del financiamiento corporativo amplían el menú de instrumentos y plazos. A la vez, la transición está incompleta: el soberano todavía enfrenta un costo alto, el crédito al consumo es débil y el acceso permanece concentrado.

Argentina tiene que aprender a crecer como un país normal: crecer al 3% durante muchos años seguramente permita llegar más lejos que crecer al 10% y después volver a caer.

La próxima etapa dependerá de que la calma macro se convierta en crecimiento, ahorro doméstico e inversión. Si ese puente se consolida, el mercado podrá financiar proyectos productivos y no sólo ofrecer cobertura frente a la inflación o el dólar. Si la incertidumbre política vuelve a dominar, la transformación quedará limitada a una recuperación táctica de precios. Esa tensión entre normalización financiera y debilidad de la economía real definirá el cierre de 2026 y buena parte de 2027.

Sobre la actividad

El análisis fue presentado durante una actividad organizada por la Comisión de Administración y Finanzas de CCI France Argentine, en la que Fernando Marull expuso las perspectivas macroeconómicas y financieras para el cierre de 2026 y 2027.

Los números clave de la charla

  • 3%: crecimiento del PBI proyectado tanto para 2026 como para 2027.
  • 30%: inflación estimada para el conjunto de 2026, que descendería al 20% en 2027.
  • 2,1%: inflación de julio. FMyA proyectaba 1,9% para agosto y 1,7% para septiembre.
  • $1.650: valor previsto del dólar oficial para diciembre de 2026. Para fines de 2027, la proyección asciende a $2.098.
  • USD 10.900 millones: nivel estimado de reservas netas del Banco Central.
  • 1,4% del PBI: superávit primario proyectado para 2026 y 2027.
  • 7,5%: tasa de desempleo estimada para 2026, frente al 6% registrado dos años antes.
  • 38%: proporción de personas que mencionaban el desempleo entre sus principales preocupaciones; 35% señalaba los bajos salarios y solo 17%, la inflación.

Sobre Fernando Marull

Fernando Marull es economista egresado de la Universidad Católica Argentina y posee un posgrado en Macroeconomía y Mercados Financieros por la UBA. Fue economista del Ministerio de Hacienda de la Nación entre 2017 y 2019 y portfolio manager de Banco Itaú Argentina y Chile. Actualmente dirige FMyA – Fernando Marull y Asociados y participa como analista en medios nacionales e internacionales.

Fernando Marull
Liliana Hidalgo (CCI France Argentine), Fernando Marull, Sebastián Gurmendi (CCI France Argentine)