La reducción gradual de aranceles es apenas una parte de un acuerdo que transformará la relación económica entre ambos bloques. Nuevas reglas de origen, mayor apertura para servicios e inversiones, reconocimiento de certificaciones y exigencias crecientes en materia ambiental configuran un escenario que las empresas argentinas deberán comenzar a incorporar a sus estrategias de negocio.
El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea marca un punto de inflexión para las relaciones económicas entre ambos bloques. Después de más de veinte años de negociaciones, su alcance trasciende ampliamente la eliminación progresiva de barreras arancelarias y establece un nuevo marco para el comercio, las inversiones y la integración productiva entre dos mercados que reúnen a más de 700 millones de consumidores y representan cerca de una cuarta parte del producto bruto mundial.
Aunque el proceso de ratificación aún no ha concluido, el contenido del acuerdo ya permite anticipar cómo evolucionará el intercambio comercial durante los próximos años. Para las empresas argentinas, comprender ese nuevo escenario resulta tan importante como prepararse para aprovechar las oportunidades que comenzarán a abrirse de manera gradual.
“El acuerdo no se limita a reducir aranceles: busca integrar las cadenas de producción entre el Mercosur y la Unión Europea mediante reglas de origen que facilitan la utilización de insumos de ambos bloques.” Agustín Perrino (Beccar Varela)
Más acceso al mercado europeo y menores costos para comerciar
Uno de los principales objetivos del acuerdo es facilitar el intercambio de bienes mediante una reducción progresiva de los aranceles. Sin embargo, la liberalización no será uniforme ni inmediata. Cada producto tendrá un cronograma específico de desgravación, con plazos que podrán extenderse hasta diez o quince años según el grado de sensibilidad del sector.
En el caso del Mercosur, la apertura más rápida se concentrará en bienes que pueden fortalecer la competitividad regional, como material genético y reproductivo, semillas, determinadas materias primas agrícolas y otros insumos destinados a incrementar la productividad. La lógica detrás de este esquema es facilitar la incorporación de tecnología y mejorar la capacidad productiva de las empresas locales.
Al mismo tiempo, algunos sectores considerados estratégicos continuarán protegidos mediante contingentes arancelarios. Uno de los casos más relevantes es el de la carne bovina, cuyo cupo preferencial crecerá progresivamente hasta alcanzar 99.000 toneladas anuales al quinto año de implementación. La distribución de esos contingentes entre los países del Mercosur y posteriormente entre los exportadores nacionales será uno de los aspectos que definirá el verdadero alcance de este beneficio para cada sector productivo.
“La liberalización del comercio será gradual. Cada producto tendrá su propio cronograma de desgravación, permitiendo que los distintos sectores productivos se adapten progresivamente al nuevo escenario competitivo.” Mariano Plaza (Beccar Varela)
El acuerdo también prevé una reducción de otros costos asociados al comercio exterior. Entre ellos sobresale la eliminación de la tasa estadística para las operaciones entre ambos bloques tres años después de su entrada en vigor, así como la eliminación progresiva de los derechos de exportación para la mayoría de los productos destinados a la Unión Europea, aunque Argentina mantuvo excepciones para determinados complejos exportadores, como la soja y algunos productos minerales y energéticos.
La verdadera oportunidad está en la integración productiva
Más allá del acceso preferencial a nuevos mercados, uno de los aspectos más innovadores del acuerdo es la posibilidad de desarrollar cadenas de valor integradas entre Europa y el Mercosur.
Las nuevas reglas de origen permitirán que determinados insumos europeos sean incorporados a procesos productivos realizados en el Mercosur sin perder el acceso a las preferencias arancelarias previstas por el tratado. Este mecanismo favorece la especialización productiva y abre oportunidades para que empresas de ambos bloques desarrollen proyectos industriales conjuntos.
Al mismo tiempo, el reemplazo de numerosos certificados tradicionales por declaraciones de origen emitidas por los propios exportadores simplificará procedimientos administrativos y reducirá tiempos de gestión, siempre que las empresas mantengan la documentación necesaria para acreditar el cumplimiento de las reglas de origen en caso de verificaciones posteriores.
Otra mejora significativa aparece en el reconocimiento de certificaciones técnicas. El acuerdo establece mecanismos que permitirán evitar, en determinados casos, la duplicación de ensayos y certificaciones para productos eléctricos, electrónicos y otros bienes sujetos a reglamentos técnicos. Sumado a las reformas regulatorias implementadas recientemente en Argentina, esto podría traducirse en menores costos y una mayor agilidad para ingresar productos al mercado.
Servicios e inversiones: un capítulo con alto potencial
Si bien el debate público suele concentrarse en el comercio de bienes, el acuerdo también incorpora disposiciones destinadas a facilitar el comercio de servicios y promover inversiones.
El mayor grado de apertura se observa en la posibilidad de establecer presencia comercial en el otro bloque, favoreciendo la radicación de empresas y el desarrollo de nuevos negocios. En cambio, la libre circulación permanente de trabajadores no forma parte del acuerdo, que limita la movilidad de personas a desplazamientos temporales vinculados con actividades profesionales específicas.
Este enfoque busca generar un entorno más favorable para la inversión extranjera directa sin modificar los regímenes migratorios ni laborales vigentes en cada país.
Competir también significa adaptarse a nuevas exigencias
El acceso preferencial al mercado europeo también implicará cumplir estándares regulatorios cada vez más exigentes.
“El verdadero desafío ya no es únicamente acceder al mercado europeo, sino hacerlo cumpliendo las nuevas exigencias regulatorias en materia ambiental, técnica y de sostenibilidad que acompañan al acuerdo.” Agustín Perrino
Uno de los principales desafíos estará vinculado con las nuevas políticas ambientales de la Unión Europea, especialmente el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) y el Reglamento sobre Deforestación. Aunque estas normas no forman parte del acuerdo propiamente dicho, continuarán aplicándose a los productos exportados desde el Mercosur y podrían afectar la competitividad de determinados sectores si incrementan los costos de acceso al mercado europeo.
Precisamente, uno de los debates jurídicos abiertos consiste en determinar hasta qué punto estas regulaciones podrían reducir los beneficios comerciales negociados por el Mercosur y eventualmente dar lugar a controversias entre ambos bloques. Este aspecto será especialmente relevante para actividades como la producción agropecuaria, el biodiésel y otras industrias intensivas en recursos naturales.
En materia de propiedad intelectual, el acuerdo mantiene un equilibrio entre la protección de derechos y la flexibilidad regulatoria para los países del Mercosur. Si bien fortalece el reconocimiento de numerosas indicaciones geográficas europeas, también contempla períodos de transición y excepciones para determinadas denominaciones ya utilizadas en la región. En cambio, introduce pocos cambios respecto del régimen internacional de patentes, preservando márgenes de maniobra para los países del bloque en áreas sensibles como los medicamentos.
El momento de prepararse es ahora
Aunque el proceso de ratificación todavía no ha concluido, el diseño institucional del acuerdo permite avanzar mediante un Acuerdo Interino que concentra todo el capítulo comercial y puede entrar en aplicación antes de la aprobación definitiva del Acuerdo de Asociación por parte de todos los parlamentos nacionales de la Unión Europea.
En consecuencia, muchas empresas ya comenzaron a analizar cómo impactarán las futuras reducciones arancelarias, las nuevas reglas de origen y los cambios regulatorios sobre sus cadenas de suministro, sus decisiones de inversión y sus estrategias de exportación.
Más que una promesa de apertura comercial, el acuerdo representa un nuevo marco de negocios. La ventaja competitiva no dependerá únicamente de quién exporte más, sino de quién logre adaptarse antes a un entorno donde la competitividad estará determinada tanto por el precio como por el cumplimiento de estándares técnicos, ambientales y regulatorios cada vez más sofisticados.
Números claves
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Este análisis fue desarrollado en el marco de un desayuno organizado por las Comisiones de Asuntos Públicos y Comercio Exterior de CCI France Argentine, que reunió a especialistas para analizar el alcance económico y jurídico del Acuerdo Mercosur-Unión Europea y sus implicancias para las empresas que operan entre ambos bloques.
Mariano Plaza
Mariano Plaza es abogado senior de Beccar Varela. Especializado en comercio internacional, regulaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Mercosur y tratados de libre comercio, asesora a empresas en materia de comercio exterior, defensa comercial y asuntos públicos. Es investigador del Observatorio de Relaciones Económicas Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata y habla español, inglés y francés.
Agustín Perrino
Agustín Perrino es abogado senior de Beccar Varela y especialista en derecho del comercio internacional. Asesora a gobiernos y empresas en defensa comercial, derecho aduanero, barreras técnicas al comercio, reglas de origen y acuerdos internacionales. Posee maestrías en la Universidad Torcuato Di Tella y en el World Trade Institute de la Universidad de Berna, y es autor de diversas publicaciones sobre derecho económico internacional.












