Comisión Comercio Exterior con Alejandro Louzao, Presidente de Alcomex, del 10/12/2025.
La Argentina atraviesa una etapa de profunda transformación en materia de comercio exterior, marcada por un giro en el enfoque del desarrollo productivo y de la inserción internacional. Las reformas implementadas entre 2024 y 2025 redefinieron el marco normativo, operativo y macroeconómico, y abrieron un nuevo escenario para las empresas que operan o proyectan operar en mercados internacionales, con la mirada puesta en los desafíos y oportunidades hacia 2026.
Un cambio de paradigma en el comercio exterior argentino
El período 2024–2025 puede caracterizarse como una transición política y económica que introdujo un nuevo modelo basado en la apertura económica, la desregulación progresiva y la revalorización del sector privado como motor del crecimiento. Este enfoque se apoya en la estabilización macroeconómica, con una baja significativa de la inflación, la recuperación de reservas y la reducción del gasto público, que sentaron las bases para una flexibilización cambiaria gradual y una revisión integral de los regímenes de importación y exportación.
En este contexto, el comercio exterior dejó de ser concebido como un espacio a restringir y pasó a ser entendido como una herramienta central para la inserción internacional del país y la atracción de inversiones. La eliminación de mecanismos discrecionales que durante años funcionaron como cuellos de botella para las operaciones responde a una lectura más alineada con la experiencia histórica argentina y con las prácticas internacionales vigentes, que priorizan previsibilidad, competencia e integración a las cadenas globales de valor.
“La Argentina dejó de pensar el comercio exterior como un problema a controlar y empezó a entenderlo como una herramienta central de desarrollo e inserción internacional.”
Principales reformas normativas y operativas
Entre las principales reformas normativas y operativas se destacan la eliminación de la SIRA y la SIRASE, la simplificación de trámites a través de la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE) y la actualización de regímenes especiales como courier y Exporta Simple. Estas medidas redujeron tiempos, costos e incertidumbre para importadores y exportadores, y alinearon los procedimientos locales con estándares internacionales.
“La desregulación no implica ausencia de control: implica trasladar la responsabilidad al importador y aplicar sanciones reales cuando no se cumplen las reglas.”
En paralelo, avanzó la normalización del acceso al mercado de cambios, con una reducción progresiva de los plazos y restricciones para el pago de importaciones y servicios al exterior. A ello se sumaron la eliminación del Impuesto PAIS y la reducción de aranceles de importación en numerosos bienes, incluidos insumos productivos, bienes de capital y equipamiento.
La modernización tecnológica del sistema aduanero incorporó certificados de origen digitales, el uso de tecnología blockchain y acuerdos de interoperabilidad con aduanas de países limítrofes.
“Las decisiones en comercio internacional no son espasmódicas; requieren planificación, estrategia y un horizonte de previsibilidad.”
En este proceso, la figura del Operador Económico Autorizado (OEA) adquiere un rol central como pilar de un esquema basado en la trazabilidad, la responsabilidad compartida y la facilitación del comercio.
Asimismo, el rol de los reglamentos técnicos fue redefinido. Lejos de su utilización histórica como barreras paraarancelarias, el nuevo esquema reconoce certificaciones internacionales de organismos de alta vigilancia, traslada la responsabilidad al importador y mantiene controles posteriores con sanciones severas ante incumplimientos, fortaleciendo la seguridad sin obstaculizar el comercio.
Lo que aún falta: desafíos estructurales pendientes
A pesar de los avances, persisten desafíos estructurales relevantes. Entre ellos se destacan las limitaciones en infraestructura logística —puertos, aeropuertos y redes de transporte— que continúan encareciendo costos y afectando la competitividad del país. La mejora de la capacidad operativa del puerto de Buenos Aires, el desarrollo de puertos alternativos como Zárate-Campana y La Plata, y una mayor flexibilidad en el funcionamiento de las zonas francas aparecen como ejes prioritarios.
Otro punto crítico es el sistema bancario, donde subsisten costos elevados, controles redundantes y procesos poco alineados con las prácticas internacionales. La reducción de impuestos distorsivos, la eliminación de la duplicidad impositiva en importaciones y la profundización de la liberalización cambiaria resultan condiciones clave para consolidar la competitividad del sector exportador.
“La competitividad futura no va a venir de una devaluación nominal, sino de menores costos, mejores procesos y reglas más claras.”
Un escenario internacional en transformación
El escenario internacional 2025–2026 se caracteriza por tensiones geopolíticas, disputas tecnológicas y comerciales entre Estados Unidos y China, conflictos armados que afectan rutas logísticas estratégicas y un proceso de regionalización de las cadenas de valor. En este marco, conceptos como nearshoring y friendshoring ganan centralidad, junto con la exigencia de cadenas de suministro resilientes y trazables.
“En un mundo que exige trazabilidad y previsibilidad, integrarse a las cadenas globales implica ser más prolijos, no más cerrados.”
América Latina recupera relevancia como proveedor de alimentos, energía y minerales, y la Argentina aparece ante una ventana de oportunidad para reposicionarse internacionalmente. En materia de acuerdos, se proyecta una mayor cooperación entre Argentina y Estados Unidos, con énfasis en seguridad aduanera, intercambio de información y aperturas sectoriales en áreas como la farmacéutica, la agroindustria y la tecnología.
A su vez, el avance del acuerdo Unión Europea–Mercosur y del tratado con la EFTA podría ampliar el acceso a nuevos mercados para pymes y exportadores, mediante la reducción gradual de aranceles y un acceso preferencial a compras públicas y servicios.
El rol estratégico de las cámaras binacionales
En este nuevo contexto, las cámaras binacionales adquieren un rol estratégico como plataformas de confianza y articulación entre empresas y sector público. El networking, el asesoramiento técnico, el acompañamiento en certificaciones, compliance y monitoreo regulatorio, así como la canalización de inquietudes ante las autoridades, se consolidan como herramientas clave para apoyar a las empresas —en especial a las pymes— en su proceso de internacionalización hacia 2026.
Principales puntos abordados
- Cambio de paradigma hacia la apertura económica y la desregulación
- Eliminación de trabas administrativas y modernización aduanera
- Normalización progresiva del mercado cambiario
- Reducción de impuestos y aranceles al comercio exterior
- Desafíos pendientes en infraestructura y sistema bancario
- Impacto de las tensiones geopolíticas y nuevos acuerdos comerciales
- Rol estratégico de las cámaras binacionales
El orador
Alejandro Louzao es presidente de Alcomex Estudio de Aduana y Logística. Cuenta con más de 30 años de trayectoria en comercio internacional, importaciones y exportaciones, con especialización en los sectores químico, farmacéutico, minero y energético. Ha desarrollado operaciones de comercio exterior en Argentina y otros mercados de América Latina, representando empresas y articulando redes regionales e internacionales. Desde 2018 dirige también la droguería Stone Life Salud S.A., especializada en medicamentos de alto costo y productos médicos. Su experiencia combina gestión operativa, análisis regulatorio y asesoramiento estratégico en comercio exterior.










